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Oncología más allá de la ciencia

Gloria Melara: “La psicooncología es capaz de facilitar el cambio de incertidumbres por esperanzas y objetivos reales”

Dra. Gloria Melara

20/11/2017

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Durante mi tercer año de carrera tuve una crisis vocacional, no estaba segura de haber hecho la mejor elección a la hora de elegir carrera. Mi padre era maestro y durante ese tiempo le diagnosticaron cáncer a uno de sus alumnos. El diagnóstico de un cáncer causa un gran impacto para la persona diagnosticada para su entorno, en este caso también lo fue. Mi padre iba a visitarlo a él y a sus padres al hospital y nos contaba en casa cómo era la evolución y cómo se sentían él y su familia. Fue en esos días cuando apareció la figura de una psicóloga, ella atendía tanto al niño cómo a sus padres, procuraba su adaptación al ingreso, a sus tratamientos, ayudaba y acompañaba a sus padres y en general los orientaba para sobrellevar de la mejor forma posible la dura experiencia que les había tocado vivir. Escuchando la labor de esta mujer fue como decidí dedicarme a la psicooncología, profesión capaz de facilitar el cambio de incertidumbres por esperanzas y objetivos, objetivos reales. Actualmente trabajo como psicooncóloga en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

El día a día en la AECC
Desde la psicooncologia se trabajan desde el primer impacto tras el diagnóstico de una enfermedad oncológica, hasta acoger los miedos y vivir con ellos asomándonos a nuestra vulnerabilidad. Acompañamos durante los tratamientos procurando seguir viviendo, adaptando y readaptándonos a todas las dificultades y nuevas etapas que pueden presentarse, trabajando las relaciones familiares, ayudando a comunicarnos para solicitar ayuda o para ofrecer información a mis seres queridos, dando información para mantener una buena calidad de vida incidiendo en conductas beneficiosas, controlando emociones y trabajando pensamientos negativos. Ayudamos, en definitiva, a controlar estados de mucha ansiedad, acompañando a los pacientes y sus familiares hasta el final y, sobre todo, intentando hacer sentir que no están solos.

La psicooncología procura ser parte de la atención multidisciplinar del paciente y la familia, no sólo cómo grupo de profesionales que atienden diferentes necesidades, sino como un verdadero equipo con el mismo objetivo. Actualmente todavía nos queda mucho camino para lograr esta forma de actuar, ya que no todos los hospitales cuentan con la figura de un psicooncólogo.
 
Me siento afortunada trabajando en la Asociación española Contra el Cáncer, una organización con grandes valores y maravillosos profesionales. Formar parte de ella implica trabajar dentro de un equipo de personas cuyo objetivo es cubrir las necesidades de pacientes y familiares. En la asociación ofrecemos talleres grupales donde se trabajan contenidos psicoeducativos relacionados con temas casi generales en pacientes oncológicos. Además de ofrecer información se crea un espacio en el que se comparten experiencias y los integrantes pasan a ser coterapeutas de estos grupos, creándose lazos muy importantes que refuerzan mucho a los participantes.
 
Compartir experiencias siempre puede ser positivo, verse reflejado en el espejo de quien pasa por una situación parecida a la tuya hace posible encontrar soluciones, verse reconocidos y llegar a normalizar muchas de sus experiencias, algo que es verdaderamente importante.

Implicación emocional en la psicooncología  
La exposición a todas estas reacciones emocionales y acompañar a tantas personas en momentos vitales tan cruciales, incluso en algunos momentos al final de la vida, afectan a mi vida y a la de los de mi alrededor. Y es que no sólo me enfrento a lo que para mí representan, sino que lo comunico y comparto creando una parte muy importante de mi y de mi forma de interactuar conmigo misma y mi contexto. Me emociono en muchísimas ocasiones con mis usuarios y espero de corazón que no dejar de hacerlo nunca.
 
En la psicooncología, como en muchos ámbitos, se ha de tener confianza, confianza no sólo en ti sino en la función que vas a hacer. Se trabaja con personas con enfermedades graves sabiendo que en nuestras manos no va a estar curar ni salvar vidas. Nuestra función va más allá, es trabajar la actitud con la que se afronta ese sufrimiento, y es una función que siempre es útil, en cualquier momento merece la pena estar, apoyar y ayudar.


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